Del español al hiragana
La palabra entera, leída con el alfabeto que el niño ya domina.
Qué hace el niño
Arriba sale una palabra española escrita en letras —BOTELLA— y abajo cuatro maneras de leerla en hiragana. El niño toca la que suena bien: ぼてじゃ. La voz la lee después, así que si duda puede escuchar y volver a mirar.
Es el último de los juegos de letras y el único donde no se trabaja una letra ni una sílaba, sino la palabra completa. Hay que leerla de izquierda a derecha, entera, y decidir. Es lo más parecido a leer que hay en Don Quijotín sin pedirle todavía que lea de verdad.
Las seis fases
Van por longitud, porque cada letra más es un trozo más que hay que descifrar sin perderse:
- 3 letras — SOL, UNO, DOS, PEZ
- 4 letras — HOLA, CASA, GATO, LUNA
- 5 letras — LECHE, PERRO, SILLA, PLAYA
- 6 letras — CAMINO, PALOMA, ZAPATO, CONEJO
- 7 letras o más — BOTELLA, PARAGUAS, MARIPOSA, SERPIENTE
- Palabras que se parecen — MAMA · MAPA · CAMA, POLO · PELO · PALO
La última fase existe porque la longitud tiene techo: con siete letras la palabra ya no cabe cómoda en un botón. Lo que sí puede seguir subiendo es el parecido entre las cuatro respuestas, y ahí el turno deja de poderse acertar por la silueta.
Como las sílabas, éste baja con tres fallos y no con dos. De una partida a otra el juego se acuerda de por dónde iba — cómo sube de nivel.
La ficha
| Edad | A partir de 5 años, y después de las sílabas. |
|---|---|
| Qué se practica | Leer palabras españolas enteras, de tres letras en adelante. |
| Hace falta saber | Hiragana con soltura: aquí no se lee un kana, se lee una palabra entera de kana. |
| Idioma | Español de España. La voz habla español. |
| Precio | Gratis. Sin anuncios, sin compras dentro y sin registrarse. |
El hiragana no es una traducción: es la muleta
Un niño criado en Japón aprende a leer hiragana antes que el alfabeto latino, y con mucha diferencia. Cuando llega a estas letras ya lleva años leyendo — sólo que en otro sistema.
Este juego usa eso. La pregunta va en letras y la respuesta en hiragana, así que el niño tiene que hacer el camino de una a la otra: ver una palabra que no sabe leer y reconocer cómo suena en lo que sí sabe leer. No es traducir del español al japonés —las palabras siguen siendo españolas y no quieren decir nada en japonés—, es prestar un alfabeto para poder entrar en otro.
Por eso la transcripción es la del español de España y no la de un diccionario: zapato va con ざ y no con さ, porque en España la Z no suena como la S. La muleta tiene que sostener el idioma que se está aprendiendo, no otro parecido.